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Donald Trump insinúa que el periodista saudí podría haber sido asesinado por el “hampa”

Son los dos amigos más extraños -y más poderosos- del mundo. Y eso que, en teoría, no tienen mucho en común, aparte de la edad -37 y 32 años- y de la ambición. Por un lado, Jared Kushner, asesor oficial de Donald Trump, pero, por encima de todo, yernísimo, y por otro, Mohamed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudí. Ambos han sido clave en la estrechísima alianza entre ambos países -aliados desde la década de los cuarenta- que se ha forjado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

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Donald Trump insinúa que el periodista saudí podría haber sido asesinado por el “hampa”

Ahora, la desaparición del periodista saudí Jamal Khashoggi no solo complica los vínculos entre Washington y Riad. También es un golpe para las aspiraciones políticas de Kushner, y de su esposa, la hija mayor de Trump, Jael (por su nombre judío) o Ivanka (por su nombre de soltera). La decisión del presidente de enviar al secretario de Estado Mike Pompeo a Arabia Saudí a pedir explicaciones por la posible muerte por descuartizamiento de Khashoggi es una victoria para el grupo anti-Kushner de la dividida Casa Blanca de Trump.

En teoría, Kushner y Salman no podrían ser más diferentes. Uno es judío ortodoxo y, hasta que su suegro ganó las elecciones, era demócrata, lo que significa ser liberal en materia social; el otro es wahabÍ, es decir, seguidor de la (teóricamente) interpretación más estricta de la religión musulmana, y algún día añadirá a su larga lista de títulos el de Guardián de los Santos Lugares del Islam.

Pero ambos proceden de familias poderosas, aunque no es lo mismo ser el hijo de un promotor inmobiliario de Nueva Jersey que el heredero del poder absoluto en un país que tiene bajo tierra el 14% de todo el petróleo que hay en el mundo. Y no son ajenos a las intrigas familiares. El padre de Kushner fue a la cárcel, no sin antes filmar a su cuñado, que testificaba contra él, teniendo sexo con una prostituta a la que él había pagado, y de haberle entregado el vídeo a su propia hermana, esposa del adúltero, para humillarla (su hijo, Jared, le entregó en mano el vídeo a su tía en la fiesta de cumpleaños de ésta). Bin Salman se ha curtido en las intrigas de palacio de la mayor petromonarquía del mundo, y, en cuanto asumió el poder efectivo -porque su padre, que es oficialmente el Rey, tiene alzheimer- arrestó a docenas de familiares y solo los dejó salir después de que éstos pagaran miles de millones de euros en multas.

La amistad entre Kushner y Bin Salman nació en parte por casualidad. Fue en marzo de 2017. La canciller alemana Angela Merkel no pudo llegar a tiempo a una reunión con Trump en Washington por una tormenta de nieve, y Salman se quedó atrapado en esa ciudad. Kushner, que tenía tiempo libre, se hizo amigo del príncipe. Según narra el ‘Washington Post’, ambos iniciaron una relación telefónica que fuentes del Gobierno de Trump han calificado de “una locura”, porque no había testigos ni ningún tipo de planificación en las conversaciones. Era política al estilo de la Casa de Saud y de la Casa de Trump: relaciones personales, y sin ningún tipo de organización, estrategia o procedimiento.

Lo que ahora no está claro es hasta qué punto el presunto asesinato de Khashoggi vaya a dañar esa relación, o el poder de Kushner. Aunque Donald Trump ha enviado a Riad a Pompeo -que tiene cero simpatía por Jared e Ivanka-, ya ha desmentido implícitamente cualquier implicación de Arabia Saudí, empleando los mismos argumentos que usa con las acusaciones de intervención de Rusia en las elecciones de 2016: si ellos dicen que no lo hicieron, hay que creerles; y, si mienten, es mejor no hacer nada.

Los saudíes “lo niegan, lo niegan de manera vehemente”, dijo Trump en una entrevista emitida en el programa de televisión de la cadena CBS ‘Sixty Minutes’ el domingo. En el caso de que esas negativas no fueran ciertas, y Riad hubiera estado detrás de la desaparición del periodista, el presidente se pondría “furioso”, pero no impondría sanciones económicas a Arabia Saudí para no “dañar el empleo” en Estados Unidos, un país que fundamentalmente vende una cosa a al reino de Bin Salman: armas. Aun así, Trump cree en la inocencia del amigo de su yerno. Su última explicación: acaso a Khashoggi lo descuartizaron “asesinos del hampa”. Es lo que pasa cuando se mezcla la familia y la política.

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